La historia de los juegos de azar tiene, quizás, un recorrido tan largo como el que de la propia raza humana. Desde comienzos de lo que conocemos como la historia, con el auge de las civilizaciones sumerias y asirias, el juego como tal ya estaba presente en la vida de sus ciudadanos. Es decir, que desde los protojuegos de hace más de 5.000 años hasta el casino online de hoy en día o las páginas tipo Bet365, Sportium o Ladbrokes, todo está cruzado por un mismo camino y una misma tendencia: la de los seres humanos a poner a prueba sus aptitudes, su capacidad de predecir los acontecimientos y, sobre todo, la querencia por la adrenalina que da el echo de jugarse algo, lo que sea (una propiedad, un dinero, una comida), a través de un juego o deporte del que, e ahí lo bonito, no tenemos certeza alguna sobre el resultado final.

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Precisamente en estas dos civilizaciones se tiene constancia de lo que se considera a día de hoy como el primer juego de azar de la historia de la humanidad. Dicho juego se basaba en el lanzamiento de una pieza (comúnmente procedente del hueso astrágalo del talón de los animales, el cual se tallaba para darle la forma correcta) que podía caer hasta en cuatro diferentes posiciones. En la misma línea que la de este juego, se sabe que ya en época del Imperio Romano sus ciudadanos jugaban a diferentes tipos de juegos con unos instrumentos muy similares a los dados de hoy en día. Se dice, también, que uno de estos juegos de dados, que con el tiempo y ciertas variaciones han llegado hasta nuestra época, fue introducido en Europa unos cuantos años más tarde (allá por el siglo XII) a través de los combatientes que regresaban de las cruzadas. A dicho juego se le denominó hazard, que acabó convirtiéndose en sinónimo de peligro o riesgo en Francia y posteriormente en Inglaterra, y que provenía de la palabra árabe al-azar (uno se puede imaginar ya su derivación en la etimología española), una palabra que no significaba otra cosa que dado.

Pero, además de los juegos de azar más parecidos, quizás, al casino online que podemos tener hoy en día, también había otro tipo de juegos que se realizaban también desde comienzos de la historia humana y que podrían ser más bien los orígenes de las apuestas deportivas. Ya antes de la primeras obras literarias puestas por escrito por un autor (la Odisea o la Ilíada de Homero) e, incluso, previamente a la mítica guerra que dio origen a ambas obras (la Guerra de Troya), se puede afirmar con casi total seguridad que los ciudadanos de los primeros tiempos del Imperio Griego ya se jugaban diferentes pertenencias en apuestas o juegos de azar. Quizás no tenían acceso por aquel entonces a Bet365, pero sí a un pequeño espacio (ya fuese en una casa, en la plaza o en cualquier espacio público) en el que llevar a cabo sus apuestas. Esta costumbre pasó luego a todos los pueblos que, casi siempre por conflictos bélicos o fronterizos, acabaron por tener relación con el mundo latino: los hunos, los germanos, los judíos o los egipcios. De hecho, entre esos dos primeros pueblos bárbaros que supusieron una de las mayores razones para la caída del Imperio Romano, la proliferación de la costumbre del juego fue tal que llegó hasta el punto de suponer un gran peligro para el devenir de ambos pueblos.

El testigo en el protagonismo de esta historia de los juegos de azar fue quizás tomada por Francia, que a principios del siglo XV, bajo el reinado de Carlos VI, comenzó a introducir ya los juegos de naipes como un recurso para la diversión y el entretenimiento propio de la nobleza y de las capas más altas de la sociedad. Sin embargo, con el tiempo la afición a las cartas comenzó a aumentar por todo París y más tarde por las provincias, llegando a ser todo un activo de la economía francesa durante siglos y una de las aficiones más extendidas entre el total de la población gala. De hecho, en palabras de Montesquieu, el juego le gustaba a los franceses porque “halaga nuestra avaricia, es decir, la esperanza de poseer más; lisonjea nuestra vanidad con la idea de la preferencia que nos da la fortuna y de la consideración que los otros tienen de nuestra dicha, satisface nuestra curiosidad y nos proporciona, en fin, los diferentes placeres de la sorpresa”.

Al más puro estilo del casino online de hoy en día, en el París del siglo XIX proliferaron las casas de juego que operaban bajo el beneplácito municipal. En ellos se jugaba a la ruleta, al treinta y uno, al kraps o al kreps, muchos de ellos juegos que también se extendieron más allá de las fronteras francesas, especialmente hacia una Inglaterra con la que siempre tuvo una relación más que especial. Pese a la proliferación masiva que vivieron estas casas de apuestas y de juego durante esta época, su enorme éxito no fue más que la razón de su muerte. Al final, debido al gran número de obreros y miembros del proletariado que perdían todos sus efectos y recursos en estos juegos día tras día, el gobierno real retiró dichos negocios de la legalidad y cerró los siete salones abiertos en París. Consulados durante tiempo como un mal necesario y una forma de otorgar un entretenimiento a las clases populares, el juego masivo acabó por convertirse en un problema social real.

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La historia española del juego

Si los juegos de azar tienen un símbolo en España, ese no es otro que la clásica baraja de naipes española. Con sus cuatro palos de bastos, espadas, oros y copas, la baraja española ha acompañado a los juegos de los pueblos de la península durante casi diez siglos, y desde el año 1273 se tiene constancia de su presencia, precisamente por una encomendación del rey Alfonso X El Sabio en la que se regulaban los juegos de azar, pese a que en dicho no se pronuncie la palabra naipe.

Sin embargo, los primeros documentos reales en los que se mencionan los naipes aparecen cien años más tarde, a finales del siglo XIV, y en ellos los reyes Juan I de Castilla y Juan I de Aragón prohíben los juegos de cartas en gran parte de la Península Ibérica y no sería, hasta la llegada de los Reyes Católicos otros cien años más tarde, cuando dicha prohibición se levanta o, al menos, se matiza en gran parte. Además, de la misma época que los Reyes Católicos también procede la que quizás es la baraja más antigua de la que se tiene constancia en España y que, por otra parte, supone el antecedente más antiguo a las barajas actuales con las que disfrutamos de juegos como el tute, el mus o el siete y medio. A ésta se la conoce como Baraja de Sevilla y se encuentra ahora mismo en el Museo Fournier de Naipes, localizado en Álava.

Pero cuando se habla de juegos de azar o de apuestas en España, uno no se puede dejar atrás el que posiblemente es otro de los símbolos de dicha cultura: la Quiniela de fútbol. Aunque no hay datos fijos sobre cuando tuvo lugar la primera apuesta bajo este formato, se suele afirmar que tuvo lugar en septiembre de 1946, en plena posguerra española y europea, cuando ya el fútbol tenía un arraigo enorme entre todas las capas de la sociedad española. Se dice también que, al más puro de las apuestas deportivas online como las de las webs tipo Bet365, William Hill o Sportium, en esta época los apostantes no tenían que acertar sólo bajo el modelo de 1X2, sino que debían también adivinar el número de goles que cada equipo anotaba. Por la dificultad de este sistema, al poco tiempo, en 1948, la entidad regidora en este respecto (el Patronato de Apuestas Mutuas Deportivo-Benéficas) decidió aplicar el sistema de victoria-empate-derrota, el ya mítico 1X2, un símbolo que ha llegado hasta el día de hoy y que sigue siendo una bandera de la vieja escuela de las apuestas deportivas, una especie de antecedente histórico (sin dejar de ser una realidad más que presente) a las casas de apuestas deportivas que tanto triunfan hoy en día.

Y esta es la historia, desde el astrágalo de los sumerios a los casinos online de hoy en día, de esa (quizás podemos llamarle) necesidad humana que es el juego de azar y las apuestas. Con sus símbolos españoles de toda la vida, la baraja de naipes y la Quiniela, la tradición clásica se enlaza en estos años con las tendencias más modernas, creando quizás una de las épocas más prolíficas de la humanidad en este sentido. Así que, ya saben, ¡hagan juego!